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Hay ojos por los que se ve el alma.
El mundo vivo que no acepta ser poseído se escurre de las garras de los ansiosos consumistas.
Las palabras dibujan ángeles que rodean las verdades, los lobos se disfrazan para cazar, pero las águilas lo saben antes de que caiga la primera gota del rocío de la madrugada.
La luz se esparce por cada rincón, fluye más rápido que el deseo, los encuentros mágicos o más ciertos que la realidad que quieres ver, tienen ritmo, tienen swing, tienen un tiempo divino reservado para los sensores del espacio infinito y de lo permanente.
Es el verdadero amor, puro, profundo, luminoso.
Es el tiempo de los otros, el respeto de lo eterno, el acercamiento natural, el tiempo sin prisas que deja ser la verdad, que no admite la torpeza del cazador… que se apagará como el fuego, asfixiado por el deseo, convirtiéndose en despojos de un sueño.
Las almas sabias no tapan sus ojos, te entregarán lo que tú no tienes, te permitirán leer, te abrirán las puertas de su reino, te arroparán con su luz… debes cuidarlas.
No destruyas la pureza por tu afán de goce efímero, por tu necesidad de alimentos mejores, no arrases el campo de amor puro por tu codicia de luz, por tu ambición egocéntrica de aplausos.
Si lo que consumes conforma tu ser; sé lo que consumes y cual no será tu destino si transitas el camino que conduce al engaño de un castillo hueco, construido con una magia iluminada con artificios de escenario
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